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Carmen Román

No sólo con los pies, sino también con sus manos y su corazón en la tierra. La directora gerente y socia fundadora de BioCrisara SL es una enciclopedia de la Agricultura ecológica y el cultivo leñoso. Empresaria que abarca desde el asesoramiento agrícola a la fabricación de biofertilizantes y bioinsecticidas, volcada además en su vivero de plantones de almendro y pistacho en Chirivel (Almería).

Historia personal y proyecto empresarial son todo en uno en CRISARA…

En mi caso están muy ligados ambos ya que CRISARA se gestó hace más de 25 años junto a mi pareja y padre de mis dos hijos, por lo que la vida familiar y profesional son una durante las 24 horas del día. Nuestro mayor logro es haber podido fraguar nuestro proyecto empresarial en Chirivel, una localidad de unos 1.500 habitantes, sin que haya supuesto un freno para poder crecer y tener actualmente presencia internacional.

¿Cuál es tu mayor baza como empresaria?

Creo que no hay ninguna fórmula mágica salvo el trabajo, el esfuerzo constante, creer en tu proyecto y un poco de sentido común.

¿A quiénes identificas como tus mayores aliados en tu trayectoria?

Mi mayor aliado siempre ha sido mi equipo. Tengo la gran fortuna de trabajar con un equipo de grandes profesionales y grandes personas, que dan cada día lo mejor de sí y que son el motor de esta empresa. A lo largo de mi trayectoria también he tenido la suerte de participar en organizaciones tanto de mi sector como empresariales como son ALMUR, ASEMPAL-CEA, TECNOVA o ECOVALIA-CAAE, entre otras, que me han permitido aportar activamente y que me han dado la oportunidad de conocer a compañeros y amigos que me enriquecen constantemente como profesional y como persona.

En este camino, importantes aliados, pero también maestros y referentes. ¿Quiénes han sido los tuyos, Carmen?

Mi gran referente personal y profesional es, sin duda, mi madre, una mujer emprendedora y luchadora. Tuvo que sortear las grandes barreras de la época. Salió de casa con 14 años como emigrante a Francia buscando una vida mejor para volver con 37 a su tierra y desarrollar su pequeña explotación agrícola-ganadera. En cuanto a empresas referentes, no podría decantarme por ninguna en concreto ya que en Andalucía tenemos la gran fortuna de contar con un rico tejido empresarial, pero siento especial admiración por las empresas que han surgido de cero, en zonas inhóspitas, con pocos recursos y medios, con el fracaso como maestro y que, a pesar de ello, han resurgido, han crecido y están generando empleo y riqueza sin olvidar sus raíces y sus valores. En Almería, mi tierra, tenemos grandes ejemplos de ello.

¿En qué crees que CRISARA marca la diferencia dentro de su sector?

Nuestro mayor valor diferencial es que hemos crecido en familias agricultoras. Nuestro inicio fue como agricultores y lo seguimos siendo actualmente. Esto nos permite tener una empatía especial con nuestros clientes. Nadie mejor que un agricultor sabe qué siente, qué le preocupa o qué necesita otro agricultor. Con esta filosofía hemos crecido adaptándonos a las necesidades de nuestros clientes; convirtiéndolos en nuestra mayor prioridad. Y es lo que intentamos transmitir a nuestro equipo día a día.

¿Cómo contribuye vuestro negocio a esa Andalucía más sostenible a la que nos invita la Agenda 2030?

Nuestro modelo de empresa contribuye muy activamente desde nuestros inicios en 1995. Hablar hoy de Agricultura ecológica con el foco puesto en la Agenda 2030 es más fácil que hace 27 años, cuando este tipo de Agricultura tenía grandes detractores y siempre se encasillaba dentro de un tipo de producción marginal y sin rentabilidad. Afortunadamente para todos, incluido el planeta, ha pasado de ser una moda a ser una necesidad y nos hemos dado cuenta de que producir de forma respetuosa y sostenible es posible. Además del respeto medioambiental, la Agricultura ecológica contribuye en gran medida a mantener la pequeña economía familiar agraria y a fijar población en el territorio, sobre todo en zonas rurales donde la falta de relevo generacional y la despoblación son una amenaza.

Echemos la vista atrás, con el antes y el después de la pandemia…

La pandemia ha afectado negativamente a todos los sectores, pero en nuestro caso, dentro del sector agrícola, ha incidido en menor medida. En cuanto a crecimiento, la empresa ha seguido con su línea ascendente natural que se vislumbraba antes de la pandemia, aunque es verdad que con mayor esfuerzo y con mayores desafíos. El problema de desabastecimiento, falta de materias primas, subidas de costes, de combustibles y electricidad; problemas en los transportes y un largo etcétera, provocado por la pandemia y todos los demás factores que están desestabilizando nuestro mundo globalizado, hacen que nos enfrentemos día a día a nuevos retos. Todo ello nos obliga a estar en alerta constante para no zozobrar por el camino.

¿Qué lecciones habéis aprendido con la crisis COVID-19?

La principal lección que nos ha dado la crisis COVID como empresa, pero también individualmente a cada uno de nosotros, es que, aun sabiendo que estamos en un mundo cambiante, no éramos conscientes de que ese cambio puede ser tan disruptivo que las posibilidades de adaptación sean prácticamente inexistentes, provocando las graves consecuencias, a todos los niveles, que venimos sufriendo.

Red de alianzas

Según vuestra experiencia, ¿en qué medida aporta a un proyecto empresarial la red de vínculos y sinergias del asociacionismo?

Creo firmemente que las organizaciones empresariales son de vital importancia para el sector y, por supuesto, para cualquier proyecto empresarial. Estar organizados y unidos nos sirve como un gran canal de comunicación tanto con la Administración como con el propio sector. Sin ir más lejos, en momentos tan desconcertantes como las primeras semanas de pandemia fueron las organizaciones empresariales las que daban respuesta a tantas dudas e incertidumbre del sector encontrando en ellas nuestro mayor apoyo y alianza.

Ya en el actual contexto de reactivación económica y con la vista puesta en el futuro, ¿cuál es tu deseo para la economía andaluza?

Mi deseo para la economía andaluza en los próximos meses es que se estabilice lo antes posible y que sectores como el Turismo o la Cultura, más desfavorecidos por la pandemia y demás factores, resurjan de nuevo. Nuestro tejido productivo debe valorar, mejorar y motivar “la productividad”, que no necesariamente está ligada a las horas que permanecemos en nuestro puesto de trabajo sino al desempeño de nuestras funciones. Hablar de calidad de vida, de conciliación, de jornada intensiva, debe ser cada día más habitual y natural, pero para ello necesitamos dos grandes aliados: la concienciación social y, por supuesto, la Administración. Ante un entorno tan complejo necesitamos simplificar los procesos, necesitamos que al sector empresarial se nos reconozca como el motor de la economía. Y para ello, los trámites burocráticos deben ser acordes a la realidad que nos engulle a diario y no suponer un freno para el desarrollo.