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Arantxa Orantes

Es economista, pero decidió hacer de su título universitario un sayo. Literalmente. Al terminar la carrera se entregó a la moda, -“lo que de verdad me llenaba”-. En el IED Barcelona estudió Diseño, hilvanando así las prospectivas económicas con Atelier Arantxa Orantes, su “taller de kilómetro 0”, con productos de artesanas granadinas. “Ofrecemos confección a medida de invitadas, tanto vestidos como tocados; colecciones cápsula de prendas exclusivas y bordados diseñados por mí y plasmados a través de nuestra nueva máquina bordadora”.

¿Qué historia de superación profesional hay detrás de Atelier Arantxa Orantes?

En mi familia siempre se ha vivido el espíritu emprendedor y empresarial. Mi padre es empresario y yo siempre había pensado en serlo, en tener mi propia marca. Decidí el formato de negocio que quería montar cuando estaba viviendo en Berlín. Había una chica que tenía una pequeñita tienda y yo siempre pasaba por allí y la veía coser con su máquina y vender sus abrigos. Hasta que un día me paré y me dije: “Yo quiero esto, volver a mi Granada, a mi tierra y crear un espacio donde trabajar, que la gente vea cómo creamos nuestros productos y los puedan comprar allí mismo; un atelier-tienda”. Y así lo hice hace ahora ocho años.

¿Cuál es tu mayor fortaleza en tu faceta emprendedora?

Creo que la constancia y la determinación. En mi colegio tenían el lema “De hacerlo, hacerlo entero”, y es algo que llevo por bandera. Además, la filosofía estoica ha influido muy positivamente en mi vida; me ha enseñado a darle a las cosas la importancia que tienen, a tener templanza y tomarme los problemas de otra manera.

¿Quiénes han sido tus mayores aliados en tu trayectoria profesional?

Los mayores aliados han sido siempre mi familia, ellos siempre han creído y creen en mí más de lo que yo misma lo hago. Me han apoyado económicamente en los inicios, lo más difícil siempre. El tener a mi madre trabajando conmigo en el taller es algo muy importante; nadie va a mirar mejor por mi negocio que ella. Además, tengo que agradecer el asesoramiento que he recibido de la Confederación de Empresarios de Andalucía. Gracias a él pudimos, por ejemplo, comprar nuestra máquina bordadora, que nosotros bautizamos como “Marsela”.

En estos ocho años, ¿quiénes han sido tus maestros?

¡En este caso, voy a barrer para casa! No puedo dejar de nombrar la empresa de mi familia, La Cueva de 1900 y Cárnicas Zurita. Fue fundada por mi abuelo, y mi padre y sus hermanos la han hecho crecer exponencialmente hasta lo que son hoy en día. Son mi mayor inspiración, sin duda.

¿Cuál es el valor diferencial de tu atelier en su sector?

Nuestro factor diferencial es la personalización de todos nuestros productos. El cliente puede elegir cómo quiere su producto desde el principio al fin, tanto vestidos, como tocados y bordados. Nos suelen decir que en nuestro atelier “se respira muy buen ambiente”. Debe ser porque nos dedicamos a lo que nos gusta y eso te hace tener una buena actitud. Además, la localización es un factor importante. Estamos en el centro de Granada, pero no en el punto más concurrido, lo cual nos deja trabajar a la vez que atender a las personas que van llegando.

¿Cómo contribuye el Atelier Arantxa Orantes a hacer de Granada y Andalucía una tierra más sostenible, como aspira la Agenda 2030?

Todo lo vendemos en producción local. Nuestros vestidos, tocados y bordados son confeccionados en Granada, con materiales comprados en España. También vendemos productos de otras marcas, todas granadinas, porque tengo claro que hay que apoyar el talento local. En resumen, todo lo que se encuentra en mi taller es de “kilómetro 0”, producido en Granada y por granadinas.

¿Qué huella ha dejado la crisis COVID en vuestra empresa?

Antes de la pandemia habíamos conseguido, después de luchar mucho y ganarnos la confianza de nuestras clientas, encontrar una estabilidad. La pandemia fue un tsunami para nosotras; nos dio la vuelta a todo. Pero hoy día puedo decir que todo aquello nos ha cambiado a mejor. Tuvimos que reinventarnos, darle mil vueltas a la cabeza para crear nuevos productos porque solo teníamos la confección a medida de invitadas y durante la pandemia desaparecieron las bodas. Diseñé nuevos productos, empecé con el tema de los bordados, a confeccionar prendas para el día a día, no solo para eventos, y tuvieron una gran aceptación. La página web comenzó a funcionar y ahora es una parte muy importante de nuestro negocio; gracias a ella vendemos a toda España. Puedo decir que gracias a la pandemia tuve tiempo de diseñar más productos a mi estilo, ya que antes solo tenía tiempo para las invitadas a medida. Y mis clientas han respondido muy bien, les estoy muy agradecida.

Ahondado en ello, Arantxa, ¿qué lecciones te ha enseñado la pandemia?

La pandemia me enseñó a diversificar. Como se suele decir, “no se pueden echar todos los huevos a la misma cesta”, porque si te falla tu fuente principal de ingresos estás perdido. Me ha enseñado a confiar más en mí misma. Me ha mostrado que los productos que creo le gustan a la gente. Antes dudaba mucho, creía que no me comprarían lo que creara… Ahora he visto que no es así, que mis seguidoras son maravillosas y le dan muy buena acogida a cada nuevo diseño.

¿En qué medida el asociacionismo empresarial contribuye al desarrollo de tu proyecto?

Estar en contacto con otras personas del sector ayuda mucho, a que te conozcan otros clientes, a qué te ayuden cuando necesitas algún proveedor en concreto, etcétera. Aliarte con otros empresarios es clave para crecer. Hay trabajo para todos y a mí me gusta compartir el talento y el trabajo de los demás.

Y, ¿un deseo para la economía andaluza y para nuestras empresas?

Creo que se debería rebajar la presión fiscal sobre los autónomos. Es algo que se está tornando insoportable. La nueva propuesta de cuotas de autónomos va a asfixiar a mucha gente y la obligará a cerrar. Necesitamos que nos dejen trabajar sin esa presión de impuestos y cuotas. En otros países no existe esa cuota ni siquiera. Pagar tanto por el simple hecho de trabajar y crear tejido empresarial me parece tremendo.