Cuando se hace un plan estratégico son muchos los aspectos a tener en cuenta y muchas las perspectivas a considerar para que ese plan cumpla con sus objetivos. Y una de esas perspectivas es el Capital Estratégico.

Cuando hablamos del Capital Estratégico nos referimos a los accionistas, pero también a la estructura financiera y a la alta dirección de la empresa, incluso a los valores compartidos y al propio prestigio de la organización. Todo ello es crítico para el desarrollo de cualquier compañía, porque la ausencia de ello será un obstáculo para su futuro.

El perfil de los accionistas influye decisivamente en la capacidad de inversión que debe tener la compañía para atender sus necesidades de crecimiento y, por supuesto, en el desarrollo a largo plazo del proyecto empresarial que garantice la estabilidad y consistencia accionarial, influyendo positivamente en la gestión de la empresa.

La estructura financiera debe estar equilibrada para no condicionar su estrategia, si los fondos propios son bajos su principal objetivo sólo sería sobrevivir, pero si tiene suficientes fondos y, además, la compañía está poco endeudada tendrá más posibilidades de desarrollo que si tiene un alto endeudamiento.

Por otra parte, también es fundamental la calidad de la alta dirección, su experiencia en el sector, su liderazgo, su capacitación técnica, la óptima gestión de las personas y su capacidad de estar conectada con la misión y visión de la compañía haciendo que se traslade esta conexión al resto de las personas de la empresa en beneficio de la estrategia decidida y compartida, permitiendo caminar alineados para alcanzar los objetivos corporativos.

Los tan llevados y traídos valores corporativos, que se expresan en tantas webs y en los dossiers de muchas empresas, sólo serán una realidad si están interiorizados en la alta dirección y están siendo vividos, expresados, compartidos por todas las personas de la empresa y, en el día a día de su trabajo, se ven reflejados en los comportamientos y actuaciones de la tarea diaria y, sobre todo, deben ser percibidos e incluso vividos por los clientes.

Y, por último, también influye en el capital estratégico el prestigio de la compañía, prestigio que no lo tiene la empresa por sí misma, sino que se lo otorga y reconoce el mercado y que es fruto de su “ser”, de su “estar” y, sobre todo, de su bien “hacer” a lo largo del tiempo.

Este capital estratégico es una perspectiva fundamental para que, cualquier empresa, pueda afrontar un desarrollo y futuro consistente y sostenible….

José Ángel Morales Medrano
Socio – Fundador
Musashi asesores consultores