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EMPRENDEDORA Y EL AUTOEMPLEO

Cinco errores comunes a la hora de emprender

Errores comunes a la hora de emprender

No son pocos los profesionales con largos años de trayectoria a sus espaldas que coinciden en un mismo aspecto a la hora de hablar de emprendimiento: emprender es una carrera de fondo. No basta con acelerar de repente, sino que suele importar más mantener el tipo durante todo el trayecto.

Pero en esa carrera, que además suele estar llena de obstáculos, es importante también evitar errores. Como es lógico y pasa en cualquier aspecto de la vida, al emprender cometeremos fallos, pero debemos intentar que estos no sean mortales para el negocio. Por eso, desde CEA + Empresas queremos darte algunos consejos para prevenir cinco de los errores más comunes en los que suele caer el emprendedor.

No tener claro tu propio negocio

Aunque pueda parecer absurdo, no son pocas las personas que deciden lanzarse a emprender sin tenerlo realmente claro: qué van a ofrecer, cómo hacerlo, qué tareas abarca la iniciativa en su conjunto, cómo se va a financiar, qué recursos van a hacer falta…

Cuestiones tan simples como estas, sin las adecuadas respuestas, son a menudo las que dan al traste con una iniciativa empresarial en el corto o medio plazo. En la mayoría de los casos el motivo fundamental es la ausencia de un plan de empresa, que de haber sido desarrollado por el emprendedor habría podido aportar luces al proyecto.

Es normal que, a la hora de emprender, un profesional conozca mejor unas áreas que otras. Dependiendo de su formación y experiencia puede que terrenos como el marketing, las finanzas o los recursos humanos, por citar sólo algunos, le sean más ajenos. Si te encuentras en esta situación, recuerda que desde CEA + Empresas te podemos prestar asesoramiento a la hora de poner en marcha tu negocio.

Confiar únicamente en subvenciones y ayudas

Está claro que a nadie le amarga un dulce. Emprender es duro, y en muchos casos los profesionales que se lanzan a ello no cuentan con todos los recursos que desearían. Las ganas, el esfuerzo y la dedicación se dan por descontado, pero no siempre son suficiente para llevar al éxito una iniciativa empresarial.

Existen diferentes fórmulas de financiación para emprendedores, siendo las ayudas y subvenciones una de las vías más comunes para lograr los recursos económicos que un proyecto necesita. No obstante, ¡hay que aplicar la lógica! Ningún negocio debe construirse únicamente sobre esta base, puesto que estaríamos apostando el futuro de nuestra empresa a una carta arriesgada, que en caso de fallarnos podría dar al traste con todo lo alcanzado.

¿La solución? Tomarnos cualquier incentivo económico de esta índole como un “caramelo”: un apoyo que nos ayudará a asentar determinados recursos y a tomar impulso.

Ahogarte en costes fijos

Otro de los errores más comunes a la hora de emprender suele venir del lado de los gastos. Y es que salvo en muy contadas ocasiones, en las que un proyecto comienza con un gran apoyo económico que le permite arriesgar más en sus primeros pasos, lo lógico suele ser ajustar la estructura de costes para evitar endeudarnos a la primera de cambio.

Así pues, es importante que en los primeros pasos como startup (o como autónomo) estudies a fondo la necesidad de incurrir en costes fijos, que a medio plazo puedan convertirse en una carga si el proyecto no termina de arrancar como esperabas. Al fin y al cabo, piensa que siempre podrás mudarte a una oficina más grande, contratar una línea de móvil y/o internet con más minutos y/o megas, etc.

Comenzar por lo imprescindible e ir creciendo poco a poco siempre será más fácil que tener que dar pasos atrás y perder dinero por el camino.

No delegar nada… o delegarlo todo

Cuando llega el momento de emprender, lo normal es verse asediado por multitud de tareas que poco o nada tienen que ver con el ámbito de especialización de un profesional. Gestiones y papeleo de todo tipo, elaboración de propuestas, atención al cliente, contratación de personal y/o servicios, facturación, tramitación de impuestos… Un negocio requiere conocer muchos y diversos aspectos, tan importantes para su buen devenir como el objeto mismo de la empresa, y en ocasiones es difícil centrarnos para ser más productivos.

Ante esta situación, la mejor solución es delegar: confiar en otros profesionales para sacar adelante esa carga de trabajo que nosotros no podemos afrontar con garantías. Sin embargo, en demasiadas ocasiones ser incapaz de traspasar estas tareas está detrás del fracaso de un proyecto. Existen muchos motivos para esto, aunque los más comunes suelen ser la falta de recursos económicos y/o humanos, así como la incapacidad del propio emprendedor para confiar en otros el trabajo.

Pero ojo, si delegar adecuadamente ciertas funciones es positivo y muy necesario a la hora de emprender, abusar de ello y desentenderse por completo de un proyecto que da sus primeros pasos es desaconsejable. ¡Es importante encontrar el término medio!

Depender demasiado del mismo cliente

Finalmente, otro error muy común en el mundo del emprendimiento viene de las relaciones comerciales que somos capaces de establecer. Cuando una pequeña empresa comienza su actividad o un profesional se inicia en el autoempleo, suele ser una práctica arriesgada tener un único cliente que acapare nuestro tiempo.

El motivo es bien sencillo: cuando se da esta situación, el emprendedor o la empresa tienden a “acomodarse”, pasando a depender casi en exclusiva de los servicios demandados por ese cliente. Pero… ¿qué ocurre cuando este “se cae”? Podemos encontrarnos con una circunstancia peligrosa: se ha perdido perspectiva del mercado, se han dejado pasar ocasiones para actualizar conocimientos y/o servicios/productos, se ha aumentado una estructura de costes a los que de repente no se puede hacer frente, etc.

Por ello, aunque tener un gran cliente siempre es deseable y positivo, es importante que el emprendedor no pierda el “hambre” por seguir creciendo y afrontando nuevos proyectos y oportunidades. Como se suele decir, no es bueno poner todos los huevos en la misma cesta.

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