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¿Financiación a corto o largo plazo?

A la hora de solicitar un crédito a una entidad financiera, debemos preguntarnos cuál debe ser nuestro plazo de devolución. No es más que pensar qué importe seremos capaces de pagar mensualmente para ir amortizándolo.

Cuando hablamos de un crédito a devolver en un año, lo llamamos crédito a corto plazo. Entre uno y tres años como plazo de devolución, se le suele denominar  crédito a largo plazo.

Al dirigirnos a una entidad financiera en busca de financiación tienden a concedernos una póliza de crédito, generalmente a un año. Esto puede funcionar o no. Dependerá de qué vamos a hacer con ese dinero.

Si ese dinero lo vamos a dedicar a la compra de equipos, maquinaria, construcción o adaptación de un local, mobiliario, permisos, proyectos, etc. la póliza con vencimiento a un año no es el plazo adecuado. El importe de las inversiones a través de la cifra de ventas, no se recupera en un año de actividad. Tarda varios años.

Esto nos indica que el plazo de devolución del crédito debería ajustarse lo más posible a esta recuperación de la inversión. Dependiendo de la cantidad y el destino, a partir de tres años de plazo empieza a ser razonable. Nunca un solo año. Por lo que debemos intentar que la entidad financiera nos conceda el crédito en estas condiciones. No hay que dejarse llevar exclusivamente por el tipo de interés que os van a cobrar. De poco sirve un interés bajo con pocas posibilidades de pagarlo.

Otro aspecto que se suele olvidar, es la inmovilización de dinero que supone vender a crédito a nuestros clientes o tener unas existencias en nuestros almacenes. También el valor de estos créditos a clientes o el valor de los productos que tenemos en existencias deben estar financiados con crédito a largo plazo.

Por ejemplo, si vendemos 3.000 euros al mes y concedemos un crédito a nuestros clientes de 60 días quiere decir que tendremos inmovilizado (no disponible) 6.000 euros. Antes de esos 60 días, tendremos que haber pagado a nuestro personal, suministros, alquileres, etc. y todavía no habremos cobrado nuestra venta.

En definitiva, necesitaremos un colchón de dinero para poder pagar todo esto. De ahí que este crédito deba estar financiado a más de un año. Lo mismo le ocurre a nuestras existencias.

Cuando empezamos una actividad, es fundamental tener en cuenta estas necesidades de financiación y añadirlas al importe de la inversión antes de pedir el crédito.

En muy pocas ocasiones el crédito a corto (ej. póliza de crédito) funciona desde el punto de vista de capacidad de devolución. En muchas ocasiones, habréis oído empresarios que pidieron una póliza de crédito y “se la han comido” o no la han podido devolver teniendo que refinanciarla. Todo ello si tienen suerte de que la entidad financiera acceda a renovar el crédito. De lo contrario, empezamos a tener problemas de impagados.

Si iniciamos una actividad o crecemos a buen ritmo es mejor la financiación (devolución) a largo plazo. Siempre podremos devolverlo cuando queramos antes de que acabe el plazo.

 

Juan Carlos Catalá Domínguez (ANALISER) – 22 de mayo de 2017

 

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